
Cuando se es una niña, una se cree que es una princesa, o quiere ser una princesa, y se sueña con un príncipe azul. Pero cuando creces, te llevas una decepción, porque te das cuenta de que no existen los príncipes azules que una no es una princesa sino una persona como todas las demás, con sus defectos y sus virtudes. Sin embargo, sigues buscando ciertas cualidades en las personas, cualidades que tenía el príncipe con el que soñabas. Cuando te enamoras, crees que la otra persona es perfecta, que por fin ha llegado el "amor de tu vida", y que va a ser para siempre; y conforme pasa el tiempo, vas descubriendo defectos, y cada vez más, y llega el momento de decidir si las virtudes compensan con creces a los defectos, o si esos defectos te están haciendo daño, tanto que serías más feliz sin estar al lado de esa persona. Cuando yo era niña soñaba con castillos y príncipes que venían en caballos blancos para intentar enamorarme. Soñaba con cuentos de hadas y finales felices. Con hombres guapos, fuertes, ricos, y que me hicieran feliz. Y cuando crecí, tuve que asumir que no iba a encontrar al príncipe azul con el que soñaba, porque no hay nadie que sea perfecto. Cuando creces te das cuenta de que tienes que aprender a ser realista y no vivir en un mundo ideal. Las cualidades que siempre he buscado yo en una pareja, quizás hayan sido demasiadas, quizás sea demasiado exigente. Siempre he querido una buena persona, respetuosa, cariñosa, sincera, responsable, detallista, optimista, con las ideas claras, generosa, inteligente, sociable, habladora, alegre, con buen sentido del humor, sencilla, amable, creativa... Que haga que cada día sea diferente, que me escriba poesías y me mande rosas, que me componga canciones y me haga sonreír a cada instante. En definitiva, que me trate como a una princesa..
No hay comentarios:
Publicar un comentario